Era 2005. Empecé desde cero. Estudié entre 2005 y 2006 y alcancé un buen nivel de gramática, pero aun así me frustraba la pronunciación. Mi boca no sabía cómo producir los sonidos que el francés necesita. Y nadie me lo había explicado.
Esa experiencia me cambió. Hoy soy doctoranda en lingüística en la UQAM y llevo más de 10 años desarrollando una metodología específicamente para hispanohablantes que quieren hablar francés con claridad, confianza y sin perder quiénes son.
He educado a miles de migrantes hispanos que hoy están haciendo vida en Montreal sin ocultarse, sin miedo a hablar y a brillar en su nuevo hogar.